Que estábamos a punto de vivir una de las noches de nuestras vidas lo sabíamos, lo que desconocíamos era la magnitud de lo que estaba a punto de suceder. Tras doce horas de larga espera, amigos aleatorios, hidratación in extremis y ganas rebosantes de entrar por fin en el Estadi Olímpic, las puertas se abrieron...