Supongo que cuando no sabes muy bien cómo empezar es que te lo has pasado demasiado bien. Pero allá voy, así viví yo la novena edición del Santander Music.

El festival comenzó el jueves con M. Ward a solas con su guitarra sobre un escenario que se hacía demasiado grande a su alrededor, sonido tranquilo, calor… Y mira, una moraleja de gratis que nos ha dado el Santander Music este año: no te fíes de las apariencias, que puede empezar pareciendo una cosa y luego acabar empapada hasta los huesos bailando un Remix de Toro. Pero esa es otra movida.

Como decía, M. Ward inaugurando el escenario principal, a lo que llama una amiga ‘la hora romántica’. De hecho esta vez tenía cierto sentido, las canciones de M. Ward tienen una calidez especial, parece que te envuelven, se cuelan y te tratan con cariño.  No menos entrañable fue él hablando de su viaje por el norte de España en un castellano un poco… regular y describiendo todas las ciudades con un ‘¡muy bonita!’. De su último disco sólo tocó ‘Time Won’t Wait’, prefirió darle alas a sus temas más conocidos.

La noche del jueves continuó con Los Deltonos, grupo cántabro. Rock, guitarras, noche, alcohol… el rollo de siempre con un toque blues y un poco más country. Y ojo que no es una crítica, me encanta esa música. Un show sin florituras pero divertido. Tras ellos el plato fuerte fue Sidonie, los que nunca fallan y  hacen bailar hasta a los más norteños. Nos presentaron a Laura y ‘El peor grupo del mundo’, nos cantaron sobre ‘Sierra y Canadá’, caminamos por ‘El bosque’, recorrimos ‘Carreteras infinitas’ y nos quemamos de felicidad en ‘El incendio’. Menuda conexión consiguieron con el público, literalmente cuando Marc cantó entre el público ‘Un día de mierda’. Concierto de 10.

Entre un grupo y otro, desde el Escenario Matusalem amenizaban la espera L.A. Dj set con un indie apropiado al festival. Por este mismo escenario pasaron también Dj amable el viernes con una buena selección de música enfocada a cada grupo que tocaba; y Caballito el sábado… Que, tema aparte mi odio hacia los dj’s, creo que cuando Sidonie canta “Si hace falta que colguemos al DJ”, ejem, va por este señor.

Nothing But Thieves saltaron al escenario con fuerza pero no creo que consiguieran una gran complicidad con el público o al menos en parte, directo correcto pero nada especial para mí.

El viernes empezó fuerte. Nos pasamos por las Vermú Sessions y entre baile y baile con Daniless y cervecita fresca Pianet nos llevó un poquito a su tierra. Música ligera que a mí personalmente me recordó de cierta manera a Bon Iver. Mereció la pena no hacer la siesta, y eso es mucho decir.

Shinova, pese a ser demasiado pronto y no estar lleno el recinto como ocurre horas más tarde, se metió al público en el bolsillo de una manera increíble. No son ese grupo de indie típico, la voz de Gabriel de la Rosa le da una personalidad a sus canciones, nos hicieron ser un poco más pequeñitos con ‘Volver’, vibrar con dos de sus temas más conocidos: ‘Qué casualidad’ y ‘Niña Kamikaze’ y la Campa de la Magdalena gritó muy alto ‘Para cambiar el mundo’.

Triángulo de Amor Bizarro fue como un maldito terremoto. Su sonido particular, la fuerza de las guitarras durante todo el concierto. Gran directo que lo disfrutaron desde sus seguidores más fieles hasta el que sólo se sabía ‘Barca quemada’ por la lista de indie español del Spotify. Seguidamente llegó el considerado grupo estrella de la noche. Que a ver, no soy yo ninguna hater de Los Planetas, de hecho de la mitad para el final incluso me lo pasé bien… Pero la otra primera mitad fue bastante, digamos, densa. Por no hablar de la poca empatía que genera Jota con el público. No faltaron ‘Espíritu Olímpico’, ‘Segundo premio’, ‘Pesadilla en el parque de atracciones’ ni por supuesto ‘Un buen día’ con todos gritando a viva voz “cuatro millones de rayas…” (Community Manager del SM, te queremos).

Casi a las dos de la mañana empieza a sonar la intro de Juego de Tronos. Que si se hubiesen puesto el 7×04 no me hubiese quejado, la verdad, pero era la hora de The Vaccines (esta fue la noche en que descubrí que llevo pronunciando su nombre mal desde que los conozco). Comenzaron el concierto con una canción inédita, para seguir con algunas como ‘Wetsuit’, ‘Wreckin’ Bar’ o ‘Teenage Icon’. El público estaba entregadísimo. Los británicos saben muy bien cómo hacerlo, el show tuvo un apoteósico final de la mano de ‘If You Wanna’ y ‘Nørgaard’.

Y por último, el sábado que parecía que se acababa el mundo más que el festival. Llegamos un poco más tarde de la hora habitual por lo que no vimos a Anni B Sweet, pero es que estábamos muy ocupados intentando no calarnos y comprando unos chubasqueros en los chinos. Sí, de esos que no sirven para nada, lo sabemos.

A los que sí llegamos fue a Lori Meyers. Y menos mal. Primero hablar de la estructura visual que llevaban, espectacular, y segundo del propio contenido que se mostraba en la estructura, era una gozada para la vista. Deformación profesional de diseñadora aquí, pero que cuiden los detalles de esta manera a mí me parece maravilloso y un amor y respeto por el arte y su trabajo brutal. De la música no tenemos mucho que decir, la gran mayoría de los que leáis esto seguro que habéis escuchado alguna vez a los Lori. Aunque el último disco digamos que no ha causado mucho entusiasmo a algunos seguidores, fieles, aguantamos lo que cayera, hasta que empezaron a tocar ‘Siempre brilla el sol’ y paró de llover. Desde ese momento me gusta mucho más En la espiral. Fue un verdadero placer vivir, bailar y dejarnos la garganta cantando himnos como ‘Luces de Neón’, ‘Emborracharme’, ‘Luciérnagas y mariposas’, ‘Aha han vuelto’ unido a ‘Mi realidad’. Creo que en ese momento estaba en otra galaxia. Nos despedimos cantando tan fuerte ‘Alta Fidelidad’ que creo que a mí se me escuchó demasiado y de lo mal que lo hago se volvió a romper a llover y lo pagó el siguiente grupo.

Belako es, junto a TAB, el grupo con más energía que he visto en mi vida. Y yo no soy fan ni mucho menos, la verdad, pero me encantan sus directos, se curraron un escenario muy guay, empiezan a tocar y el buen rollo que desprenden es increíble. Lo dije hace dos ediciones y lo vuelvo a decir ahora, es que tiran el escenario debajo de nuevo con mucha guitarra, distorsionadas, que te envuelven y transmite una fuerza que es una pasada vivirlo. Sonó ‘Off Your Shoes’, ‘Over the Edge’, ‘Haunted House’… Una delicia.

Para el tramo final, el festi tornó hacia una tonalidad más electrónica. La Casa Azul, también con una muy buena escenografía y puesta en escena, hizo bailar a todos los valientes que se quedaron en el recinto. ¿Cómo no hacerlo con ‘Chicle Cosmos’, ‘Superguay’, ‘La fiesta universal’…? Gran momento cuando Guille se sentó solo al teclado y convirtió en una canción de esas que araña ‘Como un fan’. El concierto finalizó, cómo no, en una verdadera fiesta con ‘La Revolución Sexual’. Elyella Dj’s fueron los encargados de hacernos darlo todo hasta que no pudimos más. Como ellos mismos dicen y no hay mejor descripción: un verdadero romance entre el indie y la electrónica. ¿Nos vemos el año que viene?

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