Sí, he tardado unos días en escribir esto pero es que necesitaba un tiempo para asimilar los feelings del sábado. No todos los días te topas con una banda así en directo. Dejándome caer de casualidad por la Sala Summun y sin haber escuchado prácticamente nada previamente, me dejaron sin palabras.

Como bien leéis en el título, no pude parar de mirar a Julia (batería). Ojo, no quiere decir que el resto lo hiciese mal, de hecho todo lo contrario: fue un pedazo de concierto. Pero volviendo al tema de quedarme mirando como hipnotizada, creo que esta chica fue la pieza clave de un engranaje ya increíble. Por una parte en la complicidad con los compañeros y cómo puso el puño sobre la mesa diciendo aquí estoy, una pedazo mujer en un mundo (cada vez menos, por suerte, pero aún queda) de hombres; y por otra porque hizo un trabajo increíble haciendo que sonara igual, de hecho mejor, que el disco. Siempre en el tempo perfecto, súper rítmica, súper ágil… casi parecía una caja de ritmos programada pero mejor.

En total fue un repertorio de 15 canciones, iniciando con Tsukamori y haciéndome sentir confusa por sentirme tan a gusto con un grupo que no conocía. La cosa iba subiendo en intensidad según pasaba el tiempo y sonaba El Halcón Milenario, Espectro, Cisne Negro o Pulp Fiction de su último trabajo Magnolia y otras perlas de trabajos anteriores como  Pompeya o Midori de Nueve. Una de las perlas del concierto fue la versión de Lucy In The Sky With Diamonds de The Beatles.

Víctor (cantante) tiene una voz y una forma de transmitir muy bonita, que encaja a la perfección con el rollo electrónico-místico de la música. Por otro lado me gustaría señalar que unir precisamente ese sonido en un directo con banda no es tan fácil como por ejemplo un rock más crudo, y que se notan los matices y lo currado que está el show.

Al final la noche acabó en lo alto y se despidieron con Magnolia y Rio Wolf. Y ahora… ¿Cuándo más?