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A ver cómo escribo yo esto si lo único que me sale al recordar es sonreír todo el rato y querer fuerte que se repita esa noche del 7 de junio donde vi por primera vez a Luis Ramiro sobre el escenario. Las cosas no estaban precisamente de su lado, pero lo pequeñito y bonito que fue no lo cambiaría por nada.

El concierto empezó con Puta y se me erizó la piel. En una línea tranquila y emotiva fue pasando la noche con temas como Mariposas imposibles o El monstruo del armario, aunque no solo de tristezas viven los cantautores y también hizo querer mover el culo con Mañana nos casamos en las Vegas , Mi buena suerte, En círculos…

Cosa que me gustó número uno: interacción con el público, cercanía y empatía. De canciones o de matrimonio, en peticiones se quedaba básicamente la cosa. Cosa que me gustó (mucho) número dos: poemas. No sé cómo lo hace, pero remueve todo por dentro al recitar. A mi parecer, si hay algo por lo que destaca esta cantaugeneración (Marwan, Andrés Suárez, Rafa Pons, Diejo Ojeda…) es por las letras, y qué buena la hora en la que les dio por escribir libros a la mayoría de ellos, en serio.

Mi momento preferido de la noche sin duda fue el poema Como nunca quise a nadie y la canción Te quiero y te odio. Cogió su guitarra y disparó directamente al corazón, y acertó, de pleno. Todo el mundo callado, mirando a Luis como hechizados y alguna lagrimilla queriendo salir. Y es que fue tan crudo que no se podía reaccionar de otra manera. “¿Cuántos cuellos se han roto al mirar atrás?” No tengo nada más que añadir señoría.

Para acabar Relocos y recuerdos, Un amor sin estrenar y un vacío al apagar las luces. Todos sabemos cómo es cuando se acaba un concierto que te está maravillando, eso no se puede describir.

Como añadido creo que es justo dar las gracias a Luis Ramiro por todo eso bonito que pasó, y esto lo digo porque se consensuó con parte del público, y porque sí.