El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Encanto personal, altas dosis de humor y un repertorio que desborda historias entrañables y vivencias salpicadas de nostalgia, pecados, (des)amores y rimas consonantes, fueron los puntales que pudimos hallar en el concierto compostelano del cantautor madrileño Luis Ramiro. El pequeño pub Sónar acogió el pasado sábado, en una noche húmeda y fría que poca justicia climatológica hizo a la recién estrenada primavera, la larga, cálida y divertida colección de temas compuestos por este treintañero del barrio de San Cristóbal. Y las dos horas largas de concierto, que pasaron como un soplido, demostraron la evidencia latente en sus tres discos de estudio: Las canciones de Luis Ramiro son como fotogramas, como postales pintorescas de una adolescencia perdida, o retratos musicados de otras vidas, de historias ajenas y propias: de mayo del 2002, de bodas improvisadas en las Vegas, de monstruos que viven en armarios, llaneros solitarios, chicas demasiado perfectas, putas con amores imposibles o muertos cuya pretensión es portarse correctamente.

Encuadrado dentro del ciclo Santiautor, dedicado a la música de este género, las puertas del Sónar se abrieron a las diez para presenciar las cinco canciones de su telonero, el joven David Prado, pertenecientes a su album “Pasen y vean”, un comienzo caracterizado por la empatía con el público y un puñado de letras amorosas y pegadizas. Tras este buen comienzo, Luis Ramiro dió comienzo a su actuación con “Puta” (a mi juicio, la gran joya de su último disco), una narración acústica triste y llena de belleza a la que sucedieron, en un constante vaivén entre trabajos nuevos y viejos e intercalando con fluidez guitarra y piano, éxitos como la potente En círculos, la alegre El rey de la pista, la rockanrollera K-O Boy o la tierna Pandora. Entre acorde y acorde no faltó tiempo para que disfrutásemos de versos recitados; sonetos pertenecientes a su poemario en papel publicado esta semana y titulado “Te odio como nunca quise a nadie”. También el compositor gallego Fredi Leis subió a la palestra en el ecuador de la noche para interpretar una canción de su cosecha.

La segunda parte del concierto admitió múltiples peticiones de los oyentes, y rescató del baúl algunas de sus primeras canciones, como El café o Te quiero y te odio, destacando la euforia producida por Perfecta, uno de sus temas más redondos y queridos por el público. Sin duda, el punto álgido de la noche se situó en el bis, con la hermosas El monstruo del armario y Relocos y recuerdos, la cinematográfica y solemne Annie Hall y la vibrante y enérgica Mañana nos casamos en las Vegas (Ya empiezo a oler la primavera, porque mañana nos casamos en Las Vegas, provincia de Murcia,corazón,) Olé, Luis. Ojalá que vuelvas pronto.