El undécimo álbum de estudio de Extremoduro llegaba a nuestros oídos el 8 de noviembre del pasado 2013, lanzado por Warner Music y producido por Iñaki “Uoho” Antón. Nueve piezas componen este Para todos los públicos, trabajo más cercano a las raíces primigenias de la famosa banda de rock extremeña, distanciándose del complejo ejercicio conceptual propuesto en La ley innata (2008), para retomar el hard rock urbano, lírico e irreverente que ya asomó de nuevo los dientes en su predecesor de 2011, Material defectuoso.

Desmenuzando este puñado de canciones, el single recayó en Qué borde era mi valle; un tema de rock agresivo, potentes redobles, y voz desgarrada que, a mi juicio, no se halla entre las mejores del disco. Este compacto y refrescante Para todos los públicos dá comienzo con la larga y hermosa Locura transitoria, de alrededor de ocho minutos, que nos recuerda a las mejores piezas de los últimos años, como Si te vas. Esta joya monumental, puede que la más redonda del disco, acusa una factura poética y corte intimista, y sus versos traslucen la excelencia de la pluma de Robe Iniesta. “Saco la cuenta de memoria, no se me pierda algún lucero. Mira que en silenciosa euforia, sale hierba y me crece el pelo”. Mientras, Entre interiores coquetea con el blues y muestra una letra reflexiva y melancólica, Mamá aporta un soplo novedoso de aire fresco gracias al ritmo funk y a las reminiscencias humorísticas de su historia.

Mi otra favorita es Pequeño rocanroll endémico, alegre, pegadiza y guitarrera “¡No! Que este perro ya está en los huesos/ Yo que vivía soñando en romperte el vestido”,la canción de característico hard rock, que más nos recuerda, de largo, a sus clásicos de siempre, tendencia en la que también se enmarca Mi voluntad, más rápida y contundente, “Salgo por cambiar el ritmo fuera de mí mismo a ver qué pasa, por fuera de esta carcasa”. El resto son un breve corte de audio de medio minuto bautizado como Manué IV, Poema sobrecogido, de letra oscura y existencialista cercana a la paranoia “y entré dentro de mi interior, y entonces me di cuenta de que hay alguien más metido en esta habitación” y el cierre, la interesante El camino de las utopías, que se postula como una declaración de intenciones “averiguando, a mi manera, que no me gustan los maderos, ni la gente con banderas, ni la Virgen María,ninguna ideología…”

En síntesis, los ingredientes de siempre: poesía, rock´n´roll y cuidadas instrumentales para condimentar la voz de un Robe Iniesta, visceral y auténtico, que ha sabido envejecer bien su música alimentando unos de los mejores versos de la escena nacional.

Escucha aquí mismo Para todos los públicos