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En estos días se está publicando el segundo disco de Leiva, Pólvora, trece nuevas canciones producidas por el incontestable Carlos Raya y el propio Leiva y que cuenta con las virtudes de Joe Blaney como ingeniero de sonido. En el disco hay momentos para subir, para pensar, para bailar, para olvidarse de todo, hay muchas emociones explicadas con unos textos muy afinados y con unos acordes certeros, fotografías que revelan sentimientos, melodías que se clavan en el hueso. Vamos a charlar con Leiva sobre la grabación de este nuevo disco, el guión que decidió seguir para llevar a buen puerto la grabación de estas canciones.

– En Pólvora no produces tu solo el disco, algo que llama la atención.

Con Diciembre hice el disco asumiendo la responsabilidad de todo el proceso, el de composición, claro y el de producción. Aquello tuvo unos resultados, en mi opinión, óptimos, pero resultó algo muy obsesivo. Para esta ocasión quería repartir esa responsabilidad y, sobre todo, aprender, es decir, juntarme con gente que fuese mejor que yo, para así seguir creciendo. Para eso era vital tener, de nuevo, la figura de un productor, algo que hacía años que no tenía en mis discos. Tomé esa decisión de producir a medias el disco una vez estaba terminando de maquetar las canciones, en mi casa.

– Y en tu horizonte aparece el nombre Carlos Raya, ¿por qué él?

Llevamos años queriendo trabajar juntos. Me parece un tipo que tiene una perspectiva de las canciones y del sonido en general muy interesantes. Pero además me parece un buenísimo instrumentista… y eso es reunir todas las cualidades que me resultan indispensables para un productor. En el punto en que yo me encuentro, necesitaba esas cualidades.

– En navidades del 2012 estuvimos hablando de este tema, me decías que lo mismo te ibas a los USA para grabar el nuevo disco, estabas barajando posibilidades.

Si, así fue. La otra alternativa era irme a Nashville y grabar con músicos americanos. Estuve mirando candidatos, músicos que habían grabado con todo el mundo: uno de los primeros baterías de Wilko, el guitarrista de Emylou Harris, en fin, gente muy interesante. Pero me junté con Raya. Quedamos a tomar una birra y charlar.

– ¿Así se hacen estas cosas, una birra y hablar?

Bueno, es que veníamos de otra. Te cuento. Resulta que tengo un rock and roll, una canción compuesta por mí, que he grabado con Fito Cabrales y con Carlos Tarque, un rock clásico, pero que no está en Pólvora… haremos algo especial con ese tema, estamos viendo, no sé cómo ni cuándo, pero haremos algo especial, nos encanta a todos… tenemos pensado un video muy bonito. El caso es que opté por probar como resultaba el trabajo junto a Raya con este rock and roll. No sé, era grabar un tema juntos y ver si había alquimia, antes de meternos en otra harina más gruesa. Ese tema es el que me sirve para ver la onda… y todo funcionó de maravilla.

– Y entonces ya sí que quedáis para echar unas cañas…

Si, a los dos días quedamos y nos dijimos que queríamos trabajar juntos, nos lo dijimos ambos… me acuerdo perfectamente, Raya me dijo: hagamos un disco con Joe Blaney de ingeniero. Y me pareció una idea cojonuda.

– Volviendo a esa canción, ¿Por qué pensaste en Fito Cabrales y Carlos Tarque?

Es un rock and roll clásico. Si me apuras, es un rock más 50´s que 60´s, o sea, tiene que ver más con Little Richard que con los Stones, y veía el punto de cada uno. Bajo mi punto de vista, Fito y Tarque son dos representantes del rock carismáticos, importantes, pero además son dos amigos, dos tíos con oficio, y me apetecía hacerlo con ellos porque es algo que… no sé, había que hacer.

– ¿Y que no entrase en el disco nuevo lo tenías también claro?

Se grabó aparte, ya digo que era una buena excusa para testar. Pero además, los criterios por los que no ha entrado en el disco, más que por el tipo de canción, es porque no me apetecía volver a tener colaboraciones en el disco, la verdad es que la canción entraría perfectamente en el repertorio de Pólvora… pero vamos a emplearlo para otra cosa, haremos ruido con ese tema. Lo importante de esta canción, sobre todo, es que ahí nace el que Raya y yo, automáticamente, decidamos que vamos a grabar un disco juntos, simplemente porque todo rula muy bien.

– ¿Cómo empiezas realmente el trabajo con Raya? Decidir un estudio, cuadrar fechas, ajustar horarios, y todo el proceso concerniente a la grabación de un disco.

Para mí era muy importante lo de Raya, Joe y yo.

– A sugerencia de Raya, Joe Blaney era imprescindible… en tu opinión.

Conozco la trayectoria de Blaney. Andrés Calamaro o Ariel Rot siempre me han hablado de Joe Blaney. Además, conozco muy bien muchos de los discos en los que ha estado como ingeniero. Un tipo que siempre ha estado en mi lista. Por algún motivo siempre lo había visto poco viable, me parecía que se podía escapar de presupuesto. Es Raya el que me dice: hice el último disco de Fito con él y tenemos muy buena onda y creo que entre los tres, podemos hacer un gran trabajo. Pero de todos modos, antes de todo esto… no se, lo primero de todo, lo más importante, con banda o sin banda, era ver si había canciones o no las había.

– Claro, ¡las canciones! Está claro que eso es fundamental.

Tenía treinta canciones y le pasé una selección de diecisiete. Le dije que ese era mi camino. Al poco tiempo Raya me llamó para decirme que le encantan… que había que ponerse con eso ya. Ahí es cuando empieza. Le digo que se haga su repertorio ideal y que yo haré lo mismo. Ese es el principio de todo. Después nos juntamos y resulta que coincide con el mío, totalmente, menos un tema que se queda fuera y que mi me deja un poco jodido. Ese tema me parecía muy importante, se titula “No soy para ti”.

– Mal rollo nada más empezar.

Claro. Raya me dice que él ve así el disco, sin incluir esa canción. Hay un par de temas que pensaba que tenían que estar dentro y que él no lo veía así. Pero bueno, la cosa es que me quedé jodido con ese tema. Pero automáticamente entiendo porqué, lo entiendo y empiezo a ver el conjunto del disco y, de repente, Raya me da una perspectiva del disco, de las cosas, muy interesante, y es que, en un disco, no solo tienen que ir las mejores canciones, sino que tienen que ir algunas que es probable que no sean mejores que otras, pero que compensen el disco… es decir, hay temas que son interesantes para el disco, aunque otro se quede fuera y sea mejor que alguno de esos. Veo su parte, su visión… y me pareció bien y entonces dibujamos un repertorio de doce canciones.

– Ahí si empezáis a trabajar juntos en una misma dirección.

Nos juntamos cuatro o cinco días. Carlos llegaba con su gran cuaderno de apuntes, con sus hojas llenas de anotaciones. Pero a él le gustaba todo, con las maquetas tenía la mejor explicación que yo le podía dar de mis canciones, por allí era donde quería tirar. Solo con dar al play ya tenía la explicación. Por ejemplo, hizo un trabajo muy interesante con los tonos. Conforme han ido pasando los años, he ido bajando los tonos, tratando de encontrar mi voz en el punto más grave. Carlos me decía que teníamos que subir un par de tonos, que pensaba que mi voz tenía más vida subiéndola dos tonos. Estos pequeños apuntes que parecen no importantes, al final son cosas fundamentales.

– ¿Y cómo os ponéis de acuerdo en que parcela de la producción ocupa cada uno?

Carlos me pide su espacio, su hueco, claro. Sabe que yo lo tengo muy claro, pero sobre todo, queremos producir esto juntos. Me sentía muy feliz de poder hacerlo con él, de verle cada día funcionar, lo bien que nos entendemos, el archivo del que tiramos es muy parecido, ambos somos guitarristas, en fin, todo resultó muy fácil.
En esos días decidimos que queremos grabar el disco tocando todos los músicos a la vez, con banda. Pero Carlos me propone probar con dos bandas diferentes, o sea, coger un batería y un bajista y probar y luego otros y ver qué pasa. Y entonces decidimos que queremos a ambas bandas, que nos quedamos con los cuatro músicos, unos para los medios tiempos (Toni y Boli) y otros para las otras canciones (Coqui y Chapo), que suenan más modernos. A partir de ahí montamos unos ensayos y empezamos a tocar las canciones. Los temas van sonando, se sostienen solo tocándolos con la banda, ahí vemos que el disco va a necesitar muchísimos menos arreglos de los que yo tenía en mente grabar… con solo la espina dorsal aquello suena y eso es muy gratificante.
Quizá esta fue una de las decisiones más importantes del disco, quitarle música a mis maquetas, algo que Carlos ha hecho muy bien. Me decía: Lei, tu tienes la cabeza llena de música y creo que tenemos que quitar tanta información, las canciones no necesitan tanto, se sostienen sin tanta información. Para mí, ese es el trabajo más importante de Raya en el disco.

– ¿Dónde hacéis esos ensayos previos a la entrada en el estudio?

En casa de Raya, que vive muy cerca de Torrelodones, en Madrid. Carlos tiene muy buen equipo, un equipo antiguo pero muy bien conservado. Tiene muy buenas guitarras, excelentes amplificadores, muy buenas baterías, realmente es un coleccionista de equipo bueno… para mi es el tipo que mejor equipo tiene en España, lo tiene bueno y, muy importante, bien cuidado. En esa parte decidimos que temas va a tocar cada uno de los músicos y además, avisamos a Joe y cuadramos su agenda para que se venga a España. Reservamos cinco días en Monte Príncipe, un estudio que hay en Boadilla, donde grabé la mitad de Diciembre. Es un estudio con una sala muy grande, me gusta grabar ahí.

– Joe Blaney vive en los USA, ¿no? ¿Nueva York?

Si, ahí vive. Le pagamos el billete en bussines, es un tipo que mide dos metros y que no entra en una butaca normal de avión. Pasó nueve días en Madrid. Yo estoy acostumbrado a sacar el sonido durante un día y ponerme a grabar. Joe y Raya estuvieron tres días sacando sonido. Era algo increíble ver a Joe cuarenta y cinco minutos moviendo un previo, o tirado en el suelo bajo la batería, moviendo unos centímetros el pié del charles, o yendo y viniendo del control, en fin, parecía de mentira, pero ahí es donde reside la diferencia. Al tercer día fue probar y escuchar lo grabado y pensé: aquí está, el sonido guiri. ¿Por qué? Pues porque ha venido un guiri a trabajar y porque ellos tienen ese compromiso al trabajar, tienen esa tradición, han aprendido eso, es su folklore, el rock… y verles funcionar es alucinante. Yo, con lo impaciente y lo inquieto que soy, estaba allí tres días pensando ¿y este puto chalado? ¿Qué hace? Con esto, no eximo a Raya de su parte en el sonido, pues él también ha tenido mucho que ver con el sonido, pero el trabajo de Blaney, y concretamente el sonido de la batería, es apabullante, nunca he tenido un disco con el sonido tan bueno.

– Con Carlos ya visualizo la relación, el trato y la convivencia, pero con Blaney, ¿Cómo es? ¿se aislaba en su hotel y vivía a su bola?

Joe aterrizó con un poquito de jetlag, y estuvo tres días un poco tocado, con el ritmo cambiado. Pero, imagínate, para un amante de la música como tú o como yo, cuando tienes a un tipo al lado que al segundo día te está contando batallitas de sus anteriores trabajos, pues alucinas.

– Claro, ha estado en el firmamento, tratabais en castellano o en inglés.

Chapurrea castellano, pero nos entendíamos en inglés. Pero sucede que enseguida empatizas, el rollo este que tenemos todos, son anécdotas del rock vividas en primera línea de batalla. Él es el productor de Alta Suciedad, para mí uno de los tres discos más importantes de rock en castellano. Nos contaba cosas de Andrés, también ha trabajado mucho con Charli García. Las comidas eran una delicia, escuchando sus anécdotas. Una de las cosas que más me gustó fue que, a pesar de su minuciosidad con el sonido, para él era muy importante el feeling de la toma, incluso, prefería tomas imperfectas que tenían mucho feeling, tuvimos mucho en cuenta su opinión para señalar la toma buena. Tiene una sensibilidad especial. Carlos y él ya habían trabajado y se entendían a la perfección.

– ¿Y no hubo ningún momento tenso en el estudio?

Pues no, la verdad, es una cosa rara. No tendría ningún problema en contarlo si hubiese sucedido, pero lo cierto es que no hubo ningún momento crítico en la grabación… solo con las voces, cuando nos pusimos a hacer las voces del disco. He cogido una especie de tick cantando, con los años. Se trata de atacar los tonos a cortecitos, no directamente, como cortándolos, cortando las notas. A Carlos eso le sonaba raro y me decía: tío, tenemos que negociarlo, esto está presente en todas las canciones. Y encontramos un equilibrio y ganamos, pero me costó. Pasamos un par de días donde estuvimos medio negociando, quitando de lo mío, ja, ja. Pero el nivel de respeto, la dirección, todo ha sido claro y cristalino, todo ha rulado sorprendentemente bien… han sido dos meses de grabación.

– Sobre los amplificadores, los modelos, marcas, años, etc, ¿quién ha sido el encargado?

Todo es un poco entre los dos… lo que si hicimos fue llevar casi todo el equipo de Raya para la grabación. Y cuando digo casi todo es porque también llevamos previos, micros y un montón de cosas más. Probamos muchos modelos. Quizá aquí apareció la parte de Carlos Raya que más me ha costado asimilar. Yo soy un músico inmediato en el estudio, soy tikismikis, pero cuando tengo el sonido, me pongo a grabar y quizá sacrifico algo por el ímpetu que tengo… Carlos, cuando lo tiene, dice: vamos a esperar y a mirar con esto otro. Es el rollo de probar una cosa más y que, si resulta peor, pues sirve para regresar otra vez a lo anterior. Ese proceso me ha costado, soy inmediato. Sin embargo, la lectura que hago con la grabación ya en la mano, es que es de puta madre lo que hizo.

– Delegar y aprender, de nuevo.

Si, aunque es algo a medias, hay aspectos que son diferentes a como yo lo hago. En la parte de sonido Carlos controla mucho más que yo… y eso me ha permitido estar más preocupado por la canción, no fijarme si esto suena un poquito más agudo o de si los timbres entre guitarras no son los adecuados.

Final de Diciembre, concepción de Pólvora.

Si en la anterior parte navegábamos sobre los días de grabación del disco, ahora nos toca sumergirnos en los días previos a esa grabación. Los meses de composición, la inspiración, referencias y motivos, todo lo relativo a la composición de los temas que forman Pólvora.

– ¿Cuándo empezaste a componer los temas que salen en Pólvora?

Cuando la primera presentación de Diciembre en la tienda FNAC de Madrid, que hicimos firma de discos y tocamos en acústico, fue curioso, pero ahí ya hice un tema nuevo, digamos que ahí se abrió la veda. Realmente, según arranqué la presentación de Diciembre, empezaron una serie de cambios vitales muy fuertes que, irremediablemente, se han convertido en canciones.

– Digamos que sobraban motivos para ponerte a escribir.

Hay veces que te tienes que sentar y pensar en lo que vas a escribir, pero ocurre que otras tienes un montón de cosas de las que hablar, y eso ha provocado que me hayan salido muchas canciones. Eso ha motivado que la composición no haya sido sufrida en ese aspecto, no he tenido que enfrentarme al folio en blanco, ha surgido un vómito de composiciones desencadenado por todo lo que me iba sucediendo… total, que terminé la gira de Diciembre y tenía treinta canciones, jamás me había sucedido eso.

– Quizá, todo esto que señalas, esos cambios fuertes ¿son cosas chungas?

No me lo quiero tomar así, al menos no todo. Son cambios. Hubo de todo: una ruptura sentimental, luego un amigo y compañero de toda la vida nos andaba robando, también sufrí una decepción fuerte con un músico al que admiraba… sí que es muy malo, incluso entre esas opciones, la peor es ver traicionada la confianza de muchos años y que te roben en tu propia casa quién gozaba de mi plena confianza. Pero, no sé, son cambios, ni chungos ni no, son cambios vitales que te cambian tu rutina, tu película. Todo eso provoca cosas que contar, no tristes, al contrario. Te dan libertad, te sientes soltando lastre, sales volando por los aires.

– Y poco a poco se iban juntando nuevas ideas.

Cada día de la gira, en camerinos, iba enseñando al grupo lo que había sacado, lo que había compuesto esa semana o esa misma noche. Me daba cuenta y pensaba: hostia, no paro de escribir canciones. Es lo bueno y lo malo que tiene estar en un tobogán de emociones tan fuertes, tan vitales.

-La gira terminó, pero añadiste de propina la gira con Loquillo y Ariel Rot.

Siempre es raro hacer una gira mientras grabas… lo que pasa es que yo me meto en un proceso tan obsesivo grabando que, todo lo que sea sacarme de allí, es positivo. En este caso me lo planteé, tuve dudas, pero se disiparon en enseguida: tenía que sacar de ahí la cabeza. Así que me marché a tocar himnos de rock por ahí, himnos que llevan más de treinta años en activo. Fue un cartel que nos propusieron. Con ambos artistas tengo amistad de hace tiempo, quizá más con Ariel, pero con el Loco también hay amistad. Son referentes del rock, aunque parezca sobado decirlo, son gente que ha estado en mi carpeta: “rock and roll star”, “tú me estás atrapando otra vez”, “rompeolas” o “necesito un trago” son canciones que mola tocar, es un episodio del rock en este país. Sentimentalmente he sido yo el que ha salido ganando con la gira Uno de los Nuestros, he estado tocando canciones que escuchaba en mi casa de adolescente, pero ahora, miraba a la derecha y veía a uno, miraba a la izquierda y estaba el otro. Me han tratado del copón y ha sido divertido. Además, ves el funcionamiento interno de estos artistazos, por ejemplo el de Loquillo, sus momentos antes y después del show, su equipo, no sé, estar de miranda ante semejante plantel es una pasada, soy un fan de la música y esto ha sido aprendizaje. Disfruté mucho, y, entre nosotros, hacer una gira así con grandes artistas y quedar todo bien y amigos, creo que es un logro y que no es fácil.

– También la visita a argentina alimentó el repertorio de este disco según tengo entendido, ese riff cantado de “Terriblemente Cruel” sale de una cancha de fútbol bonaerense.

Estábamos en la gira acústica por Buenos Aires y, siempre que puedo, me acerco a la cancha. Estos (se refiere a César Pop y Juancho, teclista y guitarra respectivamente de su banda, con quienes hace los shows acústicos, N de A) son menos futboleros, pero yo, si hay oportunidad, acudo y veo el partido que haya. Me encanta la cancha de San Lorenzo. En este caso, jugaban River y San Lorenzo en la cancha del River. Fui con un colega… ¡yo que sé!, los canticos de aquellas gradas bravas son emocionantes, muy emocionante, es como un himno.

– En muchos grupos de rock argentino, es fácil encontrarse esos canticos.

Si, es suyo, un sello de identidad. Siempre intenté hacer algo parecido pero no daba con ello. Quería, además, que fuese un riff cantado, no tocado con una guitarra. Mira, la verdad es que lo he hecho pensando en que cuando vaya de nuevo a Argentina, veré a la gente con la mano levantada, entonando mi cántico, ja, ja, ja.

– De todos modos es sello tuyo el usar la voz para ciertas partes de una canción, melodías, dejando atrás el instrumento y usando como base la voz.

Es una manera que tengo, si, es cierto. Pero lo que hay en “Terriblemente Cruel” nunca lo había hecho… y la idea me la dio ese momento en el campo. Llegué al hotel y lo saqué, ese estribillo maravilloso, y al día siguiente, con Juancho y César, sacamos el resto de la canción. Muy bonito. La verdad es que ya estaba el repertorio del disco cerrado, ya había maquetado lo que quería grabar, pero llegó esta y la hicimos un sitio. Es algo que suele pasar, las últimas en llegar resultan temas muy importantes para el disco. También pasó con “Afuera en la ciudad”, llegó también a última hora.

– Tiene su lógica, los primeros temas ya los tienes más rodadas y, en plena carrera, aparece una idea atractiva.

Claro, lo último es lo que más te representa.

– De todos modos, tú llegas al estudio con todo claro, listo para grabar, preparadísimo.

Siempre llego al estudio con las maquetas hechas, con todas las que quiero. En este caso había maquetado treinta canciones, en casa. Yo hago todo: batería, guitarras, bajo, todo. Maqueto y tras ese trabajo es cuando me junto con el productor, en este caso Carlos Raya.

– También hiciste eso con Lino Portela, ese documental en el que compones una canción de camino a Galicia.

Pero no partía de cero cuando hice eso. Era una idea que ya tenía, y lo importante es que en ese viaje terminé esa idea. Hubiese sido arriesgado partir de nada y empezar el viaje. Terminé toda la parte instrumental, cambié versos… y la terminé.

– Me resulta llamativo que te implicases en algo así.

Podría no haber salido. La idea me molaba, componer un tema durante un viaje a Galicia acompañado del periodista Lino Portela, y salió algo muy bonito. La verdad es que si te pones a currar siempre sale algo, puede que sea una mierda o que mole, pero siempre sale algo, si trabajas, algo rascarás. De aquí salió algo muy interesante.

– ¿Qué tal con Lino? ¿Lo hiciste porque era Lino y no otro periodista?

Puede que sí. En su día, nosotros le llamábamos Lino “Portera”, era cuando la Rolling Stone, en la revista salíamos mucho Sidonie, Pereza, Iván Ferreiro y así, y siempre estaba buscando el chascarrillo. Le tengo mucho cariño, es un periodista al que le gusta el rock, entiende, le mola, me lo creo. Si me lo propone alguien que no conozco, lo mismo me lo pienso, pero ir en un coche Lino y yo hablando y escuchando música, mola, me gustó. Ir al náutico también era un punto, me encanta ese lugar. Quedó un documental interesante, todo lo que pasa allí fue de verdad, nos acompañaban dos cámaras para la parte técnica y nada más, los cuatro. Fue muy familiar, la verdad, todo en casa.

– Otra cosa que te tuvo entretenido mientras grababas es el trabajo que estás haciendo junto a Ximena Sariñana.

Ximena fue muy valiente. Nos conocimos una noche en Madrid. Me gustaba mucho su música, la había escuchado, muy interesante, una música extrañamente bonita, una cosa rara pero muy interesante. Esa noche coincidimos. Al mes me llamó por teléfono y tras esa llamada, se vino a mi casa una semana, a componer, desde México a Madrid… algo que podía haber salido rana, pero que no, salió muy bien y trabajamos mucho, salieron canciones muy bonitas. Esto ocurría antes de entrar en el estudio, pero ocurría mientras yo componía y ajustaba la grabación de mi disco. Ahora, a finales de enero, ella regresará a España y veremos cuantos de los temas que grabamos juntos servirán para su nuevo disco, que producirán varios productores, entre los que estoy incluido. Es una tía muy interesante y el disco lo será… con el tiempo querría hacer un disco con ella. Me molan estas cosas que salen así, en plan hippy… es más, cuando vino Ximena, estaba inmerso en la gira con Iván Ferreiro y ella se vino a Donosti en la furgoneta y se tocó dos temas con nosotros, dos temas que acabábamos de hacer… es de esas cosas que veíamos en los documentales: dos músicos se juntan y hacen cosas juntos y se suben a un escenario y… muy bueno. Hemos hecho unos lazos fuertes, es una tía muy interesante, repito, una tipa a tener muy en cuenta.

– También está la canción de la película Temporal y un cameo en dicha comedia social. Esto también sucede mientras estas en el proceso de Pólvora.

Hago la mitad de la banda sonora de la peli y escribo la canción de la película. Esa canción la hice a partir del guión que me pasaron. Va sobre la precariedad laboral, es de puta madre. Son cuatro historias diferentes que tienen un nexo en común. Y me involucro en el proyecto, una cosa también muy artesanal, sin subvenciones, sin apoyo de ningún tipo, son dos colegas que se hacen una película, sin dinero, todos currando gratis, sin cobrar un céntimo, y me mola de donde sale el proyecto, de toda la ilusión que lleva detrás. La mitad de los incidentales son míos y la canción me la evocó el guión, me salió del tirón. Salgo haciendo de músico callejero, y de paso, en la película hacen referencia a todo esto que se ha creado, políticamente, con los músicos callejeros, salimos César Pop y yo, con una acústica y un bandoneón, que es de donde parte la composición de este tema.

– Me gustaría parar un momento y desarrollar esto de los músicos callejeros y esta nueva ley que obliga al músico que quiera ejercer la calle a pasar por un examen previo que le autorice o no, a poder tocar su música en la calle.

Me huele que apesta, ¿Qué criterios se tienen para decidir quién toca y quién no lo hace en la calle? Y para seguir, ¿Quiénes son los que deciden? ¿No tiene derecho a tocar en la calle alguien que no lo hace muy bien? El derecho a tocar en la calle no se puede avaluar, es horrible, y eso que dicen que es para darle calidad, es mentira, no sabemos qué criterio se aplica a la gente que acude a la prueba. Todo el mundo tiene derecho a tocar en la calle, no solo el violinista que se lo hace de muerte, también tiene derecho el que toca la flauta regular… me huele fatal. Creo que es lanzar un cable que conecta con la biografía que me estoy leyendo del grupo Leño, gente que para hacer conciertos, para hacer galas, tenían que tener un carné de músicos autorizado por el ministro, volvemos a 1972, y da miedo.

– ¿Has ejercido de músico callejero?

Con mi amigo Jesús, un malabarista que, desde que tenía 17 años, estuvo yendo todos los fines de semana al retiro, a trabajar de malabarista. A veces me iba con él, incluso Rubén y Tuli, hemos ido los tres que formábamos Pereza en el primer disco a tocar con él haciendo malabares. Ha sido más anecdótico que otra cosa, pero con Jesús me iba al Retiro a tocar. Pero no me he ganado los cuartos tocando en la calle, eso no, aunque me parece un oficio muy denostado y que tiene un valor acojonante. Es un oficio que regala, un regalo para la peña. Hay un tipo en calle Fuencarral cantando a Bob Marley, a pelo, sin amplificación y es tan emocionante el tío. Hay mucho nivel ahí, muy buenos músicos tocando en la calle.

Fuente: www.leivaweb.es