Quique González visitó el pasado viernes Tenerife dentro de la gira de presentación de Delantera Mítica ofreciendo un concierto vibrante y cercano, con una atmósfera propia para la serie de canciones que trajo consigo. «En formato acústico por la situación actual» ,en palabras del propio músico haciendo alusión al importante desembolso económico que supone traer a toda la banda a las islas, y acompañado únicamente por la guitarra de Pepo López el artista madrileño mostró su lado más personal y cercano encandilando a todo el que se acercó al Teatro Leal de La Laguna

Sin esperas innecesarias, González abrió el espectáculo en alto con la rítmica La Fábrica seguida de Parece Mentira como entrada directa al material de su último trabajo antes de que revisara temas anteriores como Caminando en círculos y el clásico Pájaros Mojados. El sonido de las acústicas y la eventual armónica ya habían inundado el ambiente cuando la íntima Manhattan mostraba al Quique González más cantautor, ese curtido en las salas madrileñas años atrás.

Previo paso por 39 grados, el guión se reconduciría hacia el sonido Nashville con la consecuente falta de instrumentación pero sin que la calidad decayera en ningún momento. Así, las canciones de Delantera Mítica se entrecruzaron con las de Daiquiri Blues, sucediéndose Hasta que todo te encaje, No encuentro a Samuel y Las chicas son magnífcas, con pequeño lapsus en la letra incluido que humanizó y acercó más si cabe a González al público.

Con el nivel siempre muy alto llegaron hits como Miss Camiseta Mojada, Salitre o Ciudad del Viento. Aun quedaba tiempo para que las geniales Cuando estés en Vena y Dallas-Memphis cerraran la primera despedida del madrileño, que volvería para el bis después de la cerrada ovación de un público que enviaría peticiones tras invitación del artista.

De este modo aparecería en escena Quique González en solitario para ofrecer una sentida Aunque tú no lo sepas que aunque escrita en su momento por el propio González serviría para recordar al desaparecido Enrique Urquijo. La última debió ser La luna debajo del brazo, pero la insistencia del respetable animó a González a una final Vidas Cruzadas con la que terminaría un concierto apasionante de principio a fin a pesar de la falta de electricidad. Y es que a veces lo simple es lo más completo. Quique González lo sabe bien.