Los canadienses Half Moon Run tocaron el pasado sábado nueve de noviembre en un una Sala Razzmatazz sobreexcitada y exaltada que aclamó un (buen) tipo de concierto que se lleva haciendo desde principio de siglo.

A unas tempranas ocho la sala se empezaba a llenar y ya pronto salían a escena unos muy jóvenes Folly & The Hunter, que a pesar de su verde edad cruzaron el atlántico para que pudiéramos degustar su música. Seguramente los amantes del pop-folk fueron deleitados con su actuación, pero a mi, que me gusta el fuzz, los pogos y las Converse muy usadas me pareció oír un Cuéntame hecho música: des/amor, sencillez y lucha. Arquetípicos tópicos tratados de igual manera que The Beatles ya hacían en los sesenta: innovación máxima.

Obviando la indiferencia que provocó en mí el primer grupo, esperaba insistente que Half Moon Run pisara finalmente el escenario. Cuando así fue, ofrecieron un papel de sex symbol (en especial el líder, quien no dejó de mostrarnos su perfecta y sexy sonrisa inocente) y de estrellitas, o más bien supernovas. Con un estilo indie-pop soft-electronic intentaron dar de sí su mejor versión, hecho que el poco curtido (hablando de música en vivo) público tragó satisfecho.

A parte de un par de problemas con el ordenador que regulaba los efectos del teclado, dieron un bolo ejemplar, con casi ningún fallo y encandilando a una audiencia entregadísima, cosa que me sorprendió al darme cuenta de su bipolaridad: se sabían dos canciones de memoria y del resto ni papa. Full Circle es obvio que ha triunfado y se ha convertido en uno de los temas del verano, o como mínimo de mi verano, pero lo que no entiendo es que alguien vaya a ver un concierto habiendo escuchado dos canciones. Y ahí es donde me di cuenta de cómo funciona la industria musical hoy en día:

Paso 1: saca un single que guste
Paso 2: graba otras canciones, no importa lo malas que sean, nadie las escuchará excepto en los conciertos y para entonces ya habrán pagado.
Paso 3: vende tu álbum todo lo que puedas anunciando que “incluye tu single”

Lástima que gente con talento quiera ser supernovas y no simples asteroides.