Cuando haces coincidir un concierto con un partido del Barça-Madrid, nada bueno puede salir de ello. Si encima coincide con un festival del mismo género en otro punto de la ciudad, el desastre está servido. Y así fue. El concierto prometía un buen espectáculo con la Carvin Jones Band, un trío de power blues tejano que arrasa allá por donde va. Por si fuera poco para atraer al público, teloneaba el medio inglés-medio americano afincado en Barcelona Larry Smith con sus Unfinished Bussines y, por si fuera poco, estaba anunciada la presencia del mítico Carlos Segarra. Pero claro, las circunstancias no eran las adecuadas.

Vamos a por lo que vamos.
Larry Smith abrió la helada sala Music Hall con un concierto de blues-rock muy bueno. Se movía en el ambiente gélido y semi vació como si estuviera acostumbrado a ello (cosa que me entristece) y, tras unas más que buenas, canciones propias y algún cover, nos levantó el ánimo y nos preparó para el ciclón que se avecinaba. Fue un: “ahora no me digáis que no os hemos avisado” y dejó paso al plato principal.

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La sala ya estaba un poco más llena pero daba bastante lástima verla sabiendo lo que nos esperaba.
Y salió Carvin Jones.

Para quién no le conozca, le diremos que es un tipo de casi 2 metros, de unos 100 kg (y no de grasa) y que, en esta ocasión, vestía con una camisa de lentejuelas que nos dejó a todos “maravillados” lo que lo convertía en todavía más grande. Abrió el set con tres canciones de cosecha propia que tocó y cantó (y rió, porque este tipo tiene una sonrisa enorme) como si le fuera la vida en ella para deleite nuestro. Pero claro, cuando una persona tiene una seña de identidad, la lleva siempre con el allá donde va (y este concierto no podía ser menos) y la seña de Carvin es bajar a tocar con el público. Y allá que se vino. Bajó entre nosotros y se puso a tocar, hacerse fotos (mientras tocaba, porque este tipo es la bomba) con el público, sonreír y enlazar un temazo blusero tras otro sin dejarnos tiempo a respirar. Increíble, realmente increíble, no podía borrar la sonrisa de mi boca delante de este monstruo de la guitarra.

Al cabo de unas 10 canciones, volvió a subir para seguir deleitándonos con su preciosa voz blusera y siguió con sus solos y cabriolas Hendrixianas. Con unos solos de bajo y de batería (mención especial merecen estos dos increíbles músicos que lo acompañan) rompimos un poquito la “tiranía” guitarrera para que pudiéramos coger aire. Pero claro, no todo puede ser bueno. Empezamos a ver que Carvin tenía problemas con los cables y a veces con el sonido. Parecía que tenía que ser una anécdota pero no fue así porque cuando el concierto alcanzaba su cenit con la entrada de Carlitos Segarra (muy metido en el concierto desde el primer segundo) vimos que los problemas iban a ser la tónica a partir de ese momento. Y no solo eso si no que la falta de ensayo y el exceso de improvisación entre dos personas que apenas se conocen hizo que la cosa empezara a coger vises de tragedia. Incluso cuando atacaron clásicos como “Johnny be good” o “Roadhouse blues” el sonido era tan pésimo que incluso vimos a Carvin Jones perder su característica sonrisa para bloquear su cara con un rictus de seriedad que solo rompía para sonreír profesionalmente. Terminó Carlitos y volvió Larry Smith pero fue más de lo mismo: guitarras afinadas a distinto tono (lo que demostraba el exceso de improvisación) mal sonido (debido a una pedalera mal conectada o un cable defectuoso) y demasiados factores ajenos que hicieron que, aunque Carvin seguía dándolo todo entre el público, el show fue a menos hasta morir por sobredosis de improvisación (y eso que el blues se basa en eso) y mala previsión que hizo que saliéramos con un regusto un poco agridulce después de un principio demoledor a la altura de lo que el concierto auguraba.

En definitiva, puedo decir que si queréis ver a un bluesman con su power trio como quedan pocos, Carvin Jones es vuestro hombre (sin desmerecer a Larry Smith, pero es que Carvin es mucho Carvin), pero si tenéis que programar un concierto de blues, procurad que no coincida con un partido Barça-Madrid o con un festival del mismo estilo y SOBRETODO, no lo dejéis todo a la magia de los artistas porque esa magia es solo musical y no pueden arreglar los problemas técnicos aunque lo quieran.

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