DBSV1

¿Qué es lo que une a esta extraña pareja? Permanece desconocido. Pero lo que sí sabemos es que la mezcla es superba.

Con una elegante americana blanca el líder de Talking Heads y con una minifalda que poco dejaba a la imaginación Annie Clarke (musicalmente conocida como St. Vincent) salieron a escena junto con una banda de vientos de ocho personas (dos saxofonistas, dos trompetistas, dos trombonistas, un trompista y un heliconista) y acompañados por un baterista y un teclista.

Coreografiados al milímetro, apostaron austeramente por un espectáculo que fuera el efecto humano lo que impactara y no la pirotecnia ni grandes montajes tecnológicos. Y la jugada les salió más que bien. Sin un alma por caber en el Auditori de Barcelona, el cósmico dueto nos ofreció unos cien minutos de saber cuándo crear una atmósfera ambiental y cuándo una caótica, cual oda a la vida misma.

Abriendo con su single Who, hicieron un repaso a sus largas carreras musicales, desde Strange Overtones, resultado de la colaboración de David con Brian Eno, hasta Cruel de Annie, pasando por algunos de los clásicos de Talking Heads como Burning Down The House, sin olvidarse de su espléndido trabajo como dueto en la fascinante I Am An Ape, donde Annie tocó un pad electrónico con una soltura que pocos tienen. Parece mentira que una de las voces que nos deleitó haya estado siendo usada durante sesenta y un años ya, conservando al largo de su existencia hasta el día de hoy su potencia y su sentimiento desgarrador siempre proyectado con suavidad.

Su dinamismo escénico constante y un eventual duelo al theremín entre los dos gigantes nos apasionaron del tal modo que el recinto entero acabamos de pie cantando, bailando y pidiendo más y más. Dos veces volvieron al escenario ante los incesantes gritos de la audiencia, que no se quería ir a casa.