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Para preparar los cuellos del público, Disco Doom salió al escenario con una Apolo con apenas treinta personas de pie y que no daban señales de vida, lo que se transcribió en un desastre de concierto: artistas y espectadores no conectaron en ningún momento.

Tras el fracaso de los teloneros e inexplicablemente una sala llenísima, Built To Spill aparecieron como si se acabaran de levantar de una siesta. Su música decía «¡Moveos!», mas sus caras parecían decir «acabemos con esto«. Aun y el posado indiferente (que al fin y al cabo suponemos que forma parte de su puesta en escena), el grito de cariño al acabar el primer tema Going Against Your Mind indicaba que los allí presentes estaban cómodos, como si ya se conocieran entre ellos.

Y por si su desgaste no fuera poco y siendo conocedores de que en cada concierto hacen una setlist diferente, fueron a escoger la menos adecuada posible: llena de canciones lentas como Planting Seeds, Cortez The Killer o Kicked It In The Sun; hecho que afectó exponencialmente al nivel de estática, tanto del grupo como de los que los escuchaban. Sí, tocaron de manera impecable, pero quedarse quieto mirando fijamente al público no sirve para avivar el ambiente.

Menos mal que se atrevieron con Liar y la versión de Dinosaur Jr. Sludgefeast y la cosa empezó a subir de intensidad, porque si no, ver un gato con una pelota hubiera sido más divertido.

Finalmente acabaron con su hit Carry The Zero, entonces el sudor por la camiseta de Doug inició su esparcimiento, que pudimos ver crecer frenéticamente en los bises, entre ellos Age Of Consent (versión de New Order) que tocaron con dos bajos.

Y, por último, Car fue la encargada de cerrar la hora y media de concierto lineal y mediocre teniendo en cuenta la figura que son y lo que representan. Se esperaba mucho más diálogo con el público, pero lo único que hicieron fue hablar entre ellos.