El pasado viernes 12 de julio en La 2 de Apolo se celebró el segundo aniversario del Psycho Rock And Roll Club Barcelona de la mano de las debutantes Santa Rita, los locos de Fuckin’ Bollocks y los que se despidieron con la que fue su última actuación, The Meows.

Antes de lo eléctrico, una sesión acústica fue llevada a cabo por los barceloneses mediadores de cartel, que se dedicaron a quedarse con los pocos que había en el Apolo Store tocando rancheras. Así, porque sí. Esos son Fuckin’ Bollocks.

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Con puntualidad británica, Santa Rita abrió a las diez con un set que incluyó todas las canciones de su álbum debut, High On The Seas, recibido con gran aceptación por la crítica musical, cosa no fácil hoy en día. Pero a diferencia de este, su directo no nos dejó satisfechos, más bien parecieron un cava que había perdido el gas, un tiburón sin dientes o un puerco espín sin púas. Su alma tenía energía pero su cuerpo estaba derrotado. Esperamos que este cava se convierta en un buen vino; de esos que mejoran con el paso del tiempo.

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Entre mina y mina aparecieron Fuckin’ Bollocks con un concepto de directo diferente al actual, rescatado de aquellos maravillosos setenta. Diecisiete temas les dio tiempo a hacer en apenas una hora, de su primer disco, de su último, del que aún está por llegar y alguna que otra ranchera incorporada de por medio. Ocho personas en un escenario que con faena da cabida a cinco convirtieron la sala en toda una fiesta. Venga vueltas hacia aquí, pelos hacia allí, escupitajos (sí, habéis leído bien) hacia el cantante, hacia las guitarras, saltos por donde cupieran y hasta les sobró tiempo para deslizar sus rodillas por el suelo. Un guateque punk que parecía salido del garaje del vecino de al lado dejaba el listón a un nivel insuperable, con aun la última actuación de la noche por salir.

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Con el rabo entre patas pensábamos que saldrían The Meows después del conciertazo de Fuckin’ Bollocks, pero ¡ay, madre, quién diría que estos tipos con un posado led-zeppeliniano mezclado con algo iggy-popiense seguirían dando marcha hasta que se nos descuajaringaran todos los huesos!
No poco menos que los anteriores, nos saciaron con un set de dieciséis de sus clásicos, entre ellos Sugar Woman, No No No, Talk Too Loud o Shake. Dignos de unos Flaming Lips sin efectos especiales, The Meows mantuvieron la fiesta en las nubes, aprovechando cada minuto del que estaba siendo su último concierto. Con su garage rock con aires post-sesentas deleitaron a un público entregadísimo y que se lo pasó en grande. Entre aplausos y vitoreos se despidieron para (esperamos que no) siempre.