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A pesar del diluvio de la segunda jornada, la mala organización de los autobuses que conectaban la zona de camping con la del festival y que tres días han pasado como veinte minutos, hemos disfrutado como niños en la octava edición del Bilbao BBK Live.

Solo empezar, los ruidosos TOY nos hicieron abandonar su actuación por problemas de sonido en el equipamiento, o quizá solo fueran acoples en los mil pedales de guitarra que llevan para que los dos acordes que hacen parezcan complicadísimos.

Después de la suciedad juguetona nos fuimos a una claridad que iluminó hasta lo más profundo de nuestro ser: Alt-J con su arrasador directo y su magnífica habilidad de hacer fácil un nivel de complicación musical extraordinario.

Fue entonces cuando no encontramos ante al primer dilema: Billy Talent o Edward Sharpe And The Magnetic Zeros y, basándonos en la experiencia, hicimos bien en escoger los segundos. El show que llevaron a cabo once musicazos sobre un escenario también repleto de problemas técnicos fue tocante. Entre la multitud se abalanzó el líder en su hit “Home” y acabó pasando el micrófono para que sus fans contaran historias emotivas; lástima que el típico gracioso de turno destrozara el momento del concierto gritando memeces. Al salir se podía oír cómo el público asistente comentaba que “este ha estado el concierto de nuestras vidas”. Palabras de un testimonio que resume lo mágico que fue.

Y para quien no se hubiera sentido con suficiente amor, Charles Bradley & His Extraordinaries nos complació a todos con su voz arrolladora, que hace el amor a tus oídos. Con su soul, sus coreografías y sus movimientos de cadera nos enloqueció a todos con la ayuda de ocho artistas que lo acompañaban y una americana blanca de la que se deshizo muy sexymente a mitad del concierto. Al acabar, bajó y abrazó a todos esos que nos habíamos quedado con ganas de un poco contacto físico, agradeciendo con lágrimas en los ojos un concierto tan emotivo entre aplausos y I love yous.

Después de más de cuatro horas con la lívido en los cielos a causa de tanta pasión musical nos tomamos un merecido descanso mientras observamos sentados a unos aburridos y ostentosos Depeche Mode liderados por el que parecía un actor de Freddy Mercury. Y es que nadie puede imitar a tal magnificencia.

Ya recuperados de la primera estocada, fuimos a buscar sitio para Biffy Clyro, porque sabíamos de la fama de sus directos, pero entre que solo les dieron una hora y que en su setlist faltaron más de uno de sus clásicos (Who’s Got A Match, Machines…) sustituidos por temas como Spanish Radio, que tocaron por el simple hecho de estar en España, nos quedamos con ganas de mucho más. Aun así, consiguieron deleitar el ambiente con genuinos juegos rítmicos y una energía exclusiva de unos cuantos.

Y por si nos queríamos ir calientes a la tienda de campaña, allí estaban Two Door Cinema Club para evitarlo con su directo excremental. No se pueden tocar canciones tan enérgicas mientras tu cuerpo ni se inmuta y permaneces cansinamente estático ante uno de los festivales interdisciplinares en España por excelencia. No.

El segundo día amaneció con el sol bien alto. Y bien dicen que como más subas más bajarás. Allí estaba el tiempo para cumplir el refrán y dejar caer un diluvio universal y medio, haciéndonos perder a Spector y suspendiendo una parte de The Vaccines. Suerte que entonces un halo púrpura apareció en la Live! Stage dejando paso al blues jimihendrixiano de Gary Clark Jr. ¡Con qué facilidad es capaz este hombre de pegarse los solos de la vida! Como un trozo de pizza al llegar de fiesta, el maestro Clark nos levantó las penas que la lluvia había traído.

El turno fue entonces de Kings Of Leon y su rock sureño, grupo que dio mucho que hablar por su (in?)capacidad de dar un concierto de dos horas ante un público con la moral tocada y la ropa empapada. Efectivamente, a la hora de directo tuvimos que irnos, pues el sol se ponía, el tiempo enfriaba y con él nuestras prendas. Al llegar allí tuvimos suerte de que no se nos mojó nada, pero no todo el mundo la tuvo, pues miles de camisetas, pantalones e incluso sacos de dormir yacían a la mañana siguiente colgados de donde se podía.

Con dolor en el alma nos levantamos pensando que nos perdimos al exsexpistoliano frontman de PiL y a los fiesteros 2MANYDJS.

Por último pero no menos importante (ni por asomo) la tercera jornada llegó, y con ella las ganas de ver a todos cuantos pudiéramos para hacer balance con la pérdida del día anterior. Jamie N. Commons y White Denim eran nuestras elecciones para tal festividad, pero por culpa de los exagerados precios del festival (tuvimos que bajar a Bilbao para comer sin necesidad de poseer castillos) y el caos que se formaba en la cola de los buses cada vez que la gente iba o venía del festival, nos perdimos sus respectivas actuaciones.

No contentos con eso e incluso llegando tarde a The Bots, impusimos las ganas de pasarlo bien a cuantas adversidades se nos pusieran por delante. Con un directo arrollador pero con muermos en el público, The Bots, de 16 y 19 años respectivamente, lo dieron todo con su afro-punk, sus riffs rompedores y su espectáculo cutre pero encantador, como siempre.

Con el tiempo justo nos despedimos de las jóvenes revelaciones para ver los dos últimos temas de los suecos The Hives, con una interacción con el público reveladora y, cómo no, trajeados de talones a cabeza.

Aprovechando que estábamos ya en el Bilbao Stage pillamos un buen sitio para Vampire Weekend, un grupo más para escuchar en casa tirado en el sofá o en un acústico a la luz de la luna, pero no de festival guarro.

A diferencia del fin de semana mortal a la luz, vino Green Day y fue el fin. El fin del sufrimiento, el fin de las desgracias, el fin de las dudas, el fin del miedo… Allí estaba el ahora cuarteto californiano para disipar inseguridades y regalarnos un trozo del cielo con su skate-punk que abarca ya cuatro décadas. Regalando una guitarra, sacando a su hijo a tocar Longview, subiendo a un fan a cantar y hacer stage-diving (sí hombre, eso que te lanzas desde el escenario al público), dando hasta la última gota de sudor durante más de dos horas… Así pasamos el rato que duró su paso por Bilbao. Todo habría sido celestial…a no ser de la repetición de exactamente el mismo show hace CUATRO AÑOS en Barcelona: abuso de los oh-oh en las canciones, el mismo espectáculo con la pistola de papel de váter y la pistola de camisetas, subir a un joven al escenario y hacerlo saltar… Punkies posers, renovarse o morir. No se puede ser un modelo a seguir para adolescentes emos y seguir haciendo el mismo show durante cuatro años. No, Billie, que hayas pasado un tiempo en rehabilitación tampoco es excusa.

Con una contradicción muy grande en mi corazón, amando y odiándolos a la vez, se despidieron los últimos rockeros del festival para dejar paso a uno de los mejores remixers del panorama actual: Fatboy Slim. Un hombre potente, un bajo potente, una final de festival potentísimo. Bien satisfechos volvimos a las tiendas con esa rara sensación de vacío en nuestro interior.

Se terminan tres días de música, pero no para siempre, sino para repetir.