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Que estábamos a punto de vivir una de las noches de nuestras vidas lo sabíamos, lo que desconocíamos era la magnitud de lo que estaba a punto de suceder.

Tras doce horas de larga espera, amigos aleatorios, hidratación in extremis y ganas rebosantes de entrar por fin en el Estadi Olímpic, las puertas se abrieron y una oleada de fans sorprendentemente bien controlados (chapeau para la organización) se abalanzaron sobre unas lonas muy mal puestas que cubrían un terreno muy irregular, hecho que provocó la caída de muchos confiados que no prestaron suficiente atención por donde pisaban.

Amenizados por unos vastamente inferiores You Don’t Know Me y L.A. (a diferencia de Biffy Clyro, que los acompañó en Amsterdam y también lo hará en París, Berlín y Dublín), el discurso inicial de The 2nd Law: Unsustainable daba paso a una apoteósica Supremacy, seguida de una tremendamente formidable Supermassive Black Hole. El inicio de algo supranatural advertía a los asistentes de algo inimaginable con un breve pero mágico «Bona nit Barcelona!!»

Obama, Merkel, Rajoy y hasta Putin bailaron al estilo callejero al son de una queentástica Panic Station. Es asombroso que EL grupo de rock del siglo veintiuno tenga además la valentía de incluir la crítica político-económica en sus conciertos, llevada a cabo con una vasta variedad de tipología representacional.

Cuando los dedos de Chris empezaron a hacer maravillas con las primeras notas de Hysteria una sensación sobrecogedora de que el mundo era ahora un lugar mejor invadió los corazones de los casi cuarenta mil afortunados. Saltos, gritos, desmayos y hasta invasiones de grada a pista fueron la consecuencia de tal himno que les pedía «give me your heart and your soul«, ciegamente entregados a tales dioses.

Animals, la del compás 5/4 del nuevo disco, acompañada de unos visuales sobre la Bolsa, la corrupción y la ambición de los ejecutivos de hoy en día, empezaba a hacer dudar a quienes ignorantemente creían que su ansia de placer y éxtasis anímico permanecería insaciable.

Y es que Muse no solo se dedican a tocar cuando se encuentran en un escenario, sino que usan hasta el teatro para esparcir su mensaje. Es tanto el trabajo que hasta hubo una actriz que acabó bebiendo de un surtidor de gasolina en el pequeño escenario después de un pequeño resbalón en la plataforma que hasta allí conduce.

Después de una extraordinaria Knights Of Cydonia y la espectacular cover Dracula Mountain de Lightning Bolt hecha Muse (interpretada celestialmente a dúo por Chris y Dom), Matt llevó su persona al centro de estadio y se puso a tocar United States Of Eurasia en un piano llevado allí, con el ligero cambio en el estribillo de en vez de cantar el título de la canción, ejecutó un falsetto imitando a Montserrat Caballé en su actuación con Freddie Mercury para las Olimpiadas del 92′.

Entonces, el dúo de antes ofreció Monty Jam seguida de otra cover; esta vez fue el turno de Feeling Good, de Nina Simone, cantada a la perfección por el de la implacable voz e impecable actitud. Pero al acabar una de las mejores versiones del trío británico tuvimos el momento de bajón: uno de los mejores cantantes del mundo actual le cedió el micrófono al bajista en Follow Me y Liquid State que, aunque mal no lo hizo, es incomparable a la figura estratosférica que es míster Bellamy. Intentando que el público no perdiera el furor, Chris cogió el bajo eléctrico y devolvió el mojo al show con Madness, el single de su último (pero esperamos que no definitivo) álbum de estudio.

Una intro de House Of The Rising Sun de The Animals, la mítica banda contemporánea a The Beatles, dio paso a una conmovedora Time Is Running Out. Y, dejando que la suerte decida, la ruleta que apareció en pantalla indicó que el destino quería que ejecutaran una deleitable Stockholm Syndrome (la otra opción era New Born).

Era el momento de las baladas pinkfloydianas. Con el líder del grupo por los suelos y una bombilla gigante cual zeppelín sobrevolando las cabezas de un público en llamas sonaron Unintended y Blackout. Y cuando parecía que ya habían puesto toda la carne en el asador, una ballerina se dejó caer del globo y de ella salieron billetes musianos. La escena parecía sacada de una película.

Guiding Light y Undisclosed Desires con, de nuevo, el frontman dándolo todo y más, bajando a saludar personalmente al público y cubierto en una bandera española y una camiseta del Barça trajeron el primer final. Pero eso no era todo, sino que ante el incansable aclamo de los fanáticos, el discurso del principio se repitió, dando paso esta vez al tema The 2nd Law: Unsustainable en sí. Pero con más ganas de llevar el concierto a otra dimensión, Charlie el Robot salió a extasiar el ambiente, con humo a propulsión saliendo de sus oídos.

Siguiendo de bises, la esperadísima Plug In Baby nos llevó a dar lo poco que nos quedaba de voz para cantar al unísono un estribillo eléctrico-amoroso, con el que una generación ha crecido escuchando. Incrédulos ante una puesta en escena de dimensiones mayestáticas, Survival, la canción de las Olimpiadas de Londres del año pasado, acabó por desbordar la euforia con unos versos con tanto positivismo y con llamaradas de fuego saliendo por las seis chimeneas que coronaban unas pantallas que simbolizaban una central eléctrica.

Y por si aun no se tenía suficiente, después de la segunda retirada del escenario de los majestuosos originarios de Teignmouth, The 2nd Law: Isolated System junto con el videoclip de fondo, con ese significado tan especial de encarar tus miedos ya que huir solo sirve para alargar el problema, abrió la última y definitiva tanda de bises. Enfundados en sus ropajes rojos, uno en cada lado del escenario, la noche dejó paso a las colosales Uprising y Starlight.

Tras dos horas de orgasmo continuado y con un emotivo «T’estimo Barcelona!!» se despedían tres hombres sabiendo que la vida de los que presenciamos tal excepcional espectáculo no volvería ser lo mismo.