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Una Sala Barts a medio llenar dio el pasado viernes una calurosa bienvenida a la mejor cantautora estadounidense de folk-rock, con más de cuarenta años de experiencia, tres premios Grammy y su característica melena rubia: Lucinda Williams.

Can’t Let Go fue el pistoletazo que indicaba el inicio de un concierto que se nos pasaría volando. Es salir al escenario y ya se notan los años de carrera que lleva en la espalda, su manera de moverse y actuar, su modo de mirar al público… Es una estrella con todas las letras.

¡Qué grande, qué grande!” se oye gritar. Los fieles asistentes que acudieron aplaudieron con gran entusiasmo todas y cada una de las canciones que la americana de bar de carretera supo ejecutar con gran delicadeza.

Ante una petición anónima, Lucinda quiso saciar el anhelo de un fan de escuchar Over Time y, ante su sorpresa, gritó “Grande, grande!”. Es el de antes.

This is called I Lost It”. Con esta seguridad daba paso a uno de sus clásicos, el estribillo del cual fue cantado al unísono por la mayoría de embobados, cegados por la luz de tal astro y, con una ovación digna de premio, se ovacionaba el inicio de Drunken Angel, otro imprescindible en una setlist cargada de éxitos.

Everybody knows this next song; it’s called Something Wicked This Way Comes”. ¡Ai, esos largos cabellos, cómo nos hacen bailar con ritmos como este!

Después de una magistral Hard Times Killing Floor Blues, el mismo fan de antes le pide “C’mon”. A lo que ella contesta “This is called….C’mon”. Clavada. ¡Encima hace caso a las peticiones del público! Esto suma puntos, muchos puntos. En una hora de concierto se ha metido al público en el bolsillo, y esto, esto no tiene mucha pinta de final.

Pero en canciones como Essence, Joy y Honey Bee se empieza a echar en falta una batería que le dé un poco de energía. Una hora de temas tranquilos está bien, pero llega un punto en que, francamente, se empieza a hacer monótono. “¡Vamos, Lucinda, vamos!” la animaban.

Retirados del escenario con un escueto “Gracias Barcelona” se ven forzados a subir de nuevo ante la incesante insistencia de un público sediento de bises. Con ahora el vaso lleno vuelve y suelta “Okay, one or two more”. Qué cachonda.

Se disculpa explicando que la siguiente canción no le saldrá perfecta debido a que no está en su idioma natal, sino en español, y se tendría que quedar a vivir aquí un par de años más para mejorar su acento. ¡Tiene el valor suficiente como para ponerse a cantar una ranchera! ¡Adiós, corazón amante, ya me voy a padecer!

Con el tributo a Bod Dylan “Trying To Get To Heaven” y “Blast” cierra una magnífica velada acompañada de una magnífica cantante. “Adiós, mis amigos” nos dice con pena. ¡Adiós, Lucinda, adiós!

Puedes escuchar su último álbum Blessed aquí mismo: