Slash, de Guns N’ Roses a Velvet Revolver
Slash con Anthony Bozza

Slash-1Tras haber vendido más de 100 millones de discos con Guns N’ Roses y tras haberse ganado a pulso la fama de ser uno de los mejores guitarristas del mundo, Slash ha decidido contar, por primera vez, la historia del grupo desde dentro: su formación, los años de penurias, la creación de las canciones que definieron una era, la locura del éxito y, en última instancia, el tortuoso y desquiciado camino hacia la autodestrucción que terminó acabando con ellos. Pero esta no es sólo la historia de Guns N’ Roses, sino también una crónica personal llena de triunfos y tragedias; la de una vida marcada por el empeño de huir de sus demonios, ahogándolos en vodka, heroína, cocaína, actrices porno y lo que fuese que le saliera al paso. Slash ha sobrevivido a todo ello: adicciones, demandas, revueltas callejeras, sobredosis, decadencia y destrucción, hasta encontrar una salida en la evolución de su música, desde Snakepit hasta Velvet Revolver. Slash es todo lo que puede esperarse del hombre, el mito, la leyenda: divertido, sincero, fresco y abracadabrante… en una palabra: excesivo.

Vida, memorias de Keith Richards
Keith Richards & James Fox

keithAsombrando a propios y extraños, Keith Richards ha escrito sus memorias: asombro porque ha podido (ya que a estas alturas nadie sospechaba que iba a conservar la vida o la lucidez suficiente para empuñar el teclado) y asombro porque ha querido (ya que los entes satánicos no suelen acudir al confesionario). El crítico Nick Kent compendia así su imagen en los años setenta: «Era el gran lord Byron; era un demente, era un depravado y era peligroso conocerlo». El aludido disiente con irónica sonrisa, otros insisten, y este libro viene a aclarar posibles malentendidos. Porque aquí se disipan varias nieblas (transfusiones, efusiones, agresiones, etc.) y se presentan finalmente los hechos que el foco de la leyenda había nublado: el uso y abuso de sustancias tonificantes o estupefacientes no adquiridas en farmacias; las variadas discrepancias con autoridades más o menos sanitarias; los encuentros, desencuentros y encontronazos con gendarmes de diferentes países; la empedernida coalición con Mick Jagger; los intermitentes, y a menudo explosivos, contubernios con personajes como Dylan, Lennon, Clapton, McCartney, Marley, Berry o Bowie, por citar a algunos de los más ruidosos; las afinidades electivas con sujetos de mucha cara o siniestra catadura; los amoríos pasajeros, las semanas de pasión y los dos amores contumaces (Anita Pallenberg y Patti Hansen); las extenuantes sesiones de grabación; la apacible vida rural en una mansión de Connecticut franqueados los umbrales de la senectud (aunque no de la madurez si consideramos las penúltimas inhalaciones); los cuentos contados por idiotas… Pero al final, más allá del ruido y la furia (que, como es de rigor, nada significan) emerge la música de los Rolling Stones, esa incesante banda sonora que acompaña nuestras convulsiones desde hace casi medio siglo.

Los trapos sucios. La autobiografía de Mötley Crüe
Tommy Lee. Mick Mars, Vince Neil y Nikki Sixx, con Neil Strauss

motleyWhisky y actrices porno, motos y accidentes de coche, cuero negro y botas de tacón, sobredosis y muerte, Así es la vida de Mötley Crüe, el grupo más bebedor, pensador, rijoso y arrogante del planeta. Sus increíbles proezas han dado lugar a innumerables leyendas del rock and roll. Propulsados por todas las drogas que tuvieran a su alcance y espoleados por cantidades obscenas de alcohol, camparon a sus anchas durante dos décadas dejando a su paso un reguero de mujeres corrompidas, habitaciones de hotel arrasadas, coches destrozados, representantes enloquecidos y huesos rotos. Todos estos hechos indescriptibles, por no mencionar sus terribles consecuencias, forman la espina dorsal de Los trapos sucios.

Narrada personalmente por Nikki, Vince, Tommy y Mick, ésta es la versión sin expurgar de la historia, sus mayores glorias y sus mayores miserias publicadas por primera vez en estas páginas. Todo ello acompañado por docenas de fotos inéditas, retratos policiales y documentos escritos. Aquí no se libra nadie. Pasen y disfruten.

Memorias de un Rolling Stone
Ron Wood

ronwoodÉrase un muchacho de humilde y acuático linaje (la residencia familiar había sido una barcaza hasta la generación anterior) que quería ser músico o pintor y que logró ambas cosas, sobre todo la primera, en grado superlativo: ahora vende sus cuadros a precios absurdos y desde 1975 toca la guitarra en la banda de rock más famosa, más longeva y más luciferina del planeta. Ahora, alcanzada una edad en que la mayoría de sus coetáneos saborea la inminencia de una modesta y bien merecida jubilación, el susodicho puede recordar (lo cual es sin duda notable) varias décadas empapadas en cantidades épicas de cerveza y otros líquidos más severos; amenizadas por complacientes señoritas proclives al desnudo y el coito; alegradas por frenéticas orgías en mansiones victorianas o por joviales vandalismos en hoteles de lujo; pulidas en el asiduo roce de príncipes, beodos, estafadores, ministros, artistas, intelectuales y camellos; viajadas en aviones privados y bronceadas al sol de exóticas playas; estupefactas de amor a los humos, píldoras y polvos no recomendados por las autoridades sanitarias; y, claro está, presididas por el (rara vez sosegado) oficio de darle cuerda a la banda más famosa, más longeva y más luciferina del planeta. O sea, el guitarrista Ronald David Wood nos cuenta sus peripecias musicales y extra-musicales en compañía de sujetos como Jeff Beck, Rod Stewart, Keith Richards, Mick Jagger, John Lennon, George Harrison, Bob Dylan, Jimi Hendrix, Eric Clapton, Tony Curtis, Bob Marley, John Belushi, Muhammad Ali o Groucho Marx, por citar sólo a algunos de los más conocidos (entre los desconocidos hay personajes no menos estremecedores). El resultado es un incesante catálogo de anécdotas estrambóticas, bochornosas, dramáticas o ridículas narradas, eso sí, con bastante buen humor y sin pelos en la lengua.

Enrique Bunbury
Lo demás es silencio

Pep Blay

bunburyEnrique Ortiz de Landázuri, ‘Bunbury’, irrumpió en el panorama de la música española a finales de los ochenta con su voz profunda, única e inconfundible y el desacomplejado rock oscuro de Héroes del Silencio, la banda de que formaba parte. Así se inicia la eclosión de uno de los pocos artistas españoles que ha vendido millones de discos y ha recorrido Europa y Latinoamérica en giras mastodónticas que le llevaron a una vida de estrella arrogante y frenética. Tras la ruptura de la banda, Bunbury consiguió reinventarse a si mismo y se reconcilió con el público y la crítica reencarnándose en el investigador artístico, en el trovador de Panero, en el aragonés errante que no tiene suficiente con el rock and roll, sino que necesita crear productos de culto, que serán avalados por una cohorte de fieles dispuesta a seguirle hasta donde sea preciso.

Ésta es una biografía humana y artística apasionante, construida a partir de testimonios de allegados: familia, amigos, seguidores, mánagers y otros músicos que lo han conocido de cerca, con el valioso contrapunto de las opiniones del mismo cantante. El autor, Pep Blay, reconocido periodista músical, entre otros menesteres, conoció a Bunbury jugando al billar. Eso ya le da un aire al libro.